Ojalá fuera creyente, para poder rezar. Para pedirle a un Dios o Diosa un milagro, para creer que si lo deseo mucho las cosas pueden cambiar. Pero no. Por más que lo intente, no me lo creo. Y es que la vida puede ser muy dura a veces y resignarse a eso es un dolor muy grande. Las cosas no son como queremos que sean. Dios no existe, nadie nos cuida desde el cielo y la gente sufre y muere todos los días. Así es la vida, así es la muerte.
Llorar no soluciona nada. Pero lloro porque no tengo fe, porque hoy lo único que me desligaria de este dolor es ponerlo en manos de alguien más, no hacerme cargo de lo que no puedo comprender o de lo que me niego a aceptar.
Quiero patalear, llorar, gritar y todo porque no puedo rezar. Porque ninguna plegaria va a hacer que haya menos dolor en este mundo. Un chiste y una canción. Son las cosas que salvan. Ignorar el dolor, hacerlo a un lado, un rato. Es lo único que sirve ahora. Un chiste y una canción. Entre llanto y llanto, mientras trato de hacer lugar en mi mochila para cargar todo este peso, que creí no podía ser peor. Pero sí, siempre puede ser peor. Siempre. Así que agradecé, sea mucho o poco. Gracias por no ser peor vidita. Gracias por el amor. Por los amigos. Por la salud. Por la familia. Por las buenas experiencias. Por las carcajadas. Por el sentido del humor. Gracias por la música, por los escenarios. Por el arte. Gracias por dejarme dormir a pesar del dolor
09-03-2021 / 1:27 am