"Allí el ángel del Señor se le apareció en un fuego ardiente, en medio de una zarza. Moisés se quedó mirando lleno de asombro porque, aunque la zarza estaba envuelta en llamas; no se consumía. «Esto es increíble—se dijo a sí mismo—. ¿Por qué esa zarza no se consume? Tengo que ir a verla de cerca»" (Éxodo 3:2-3 NTV).