Ser cristiano implica estar en guerra contra enemigos espirituales, nuestros propios deseos pecaminosos, las tentaciones, el cansancio, la desesperanza y volver al pasado. Esta lista es descorazonadora y es apenas una selección de las pruebas que los creyentes enfrentan. En medio de todo esto, debemos permanecer “cimentados y firmes en la fe” (Colosenses 1:23, RVC).