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«No es casualidad que te encuentres con este mensaje de la Palabra de Dios en las manos; es por el Amor del Señor que tú en este momento puedes recibir Palabra que enseña, instruye, edifica y muestra el camino a seguir.

Hechos de los apóstoles, capítulo 2, nos habla de la venida del Espíritu Santo. Cuando vino el Espíritu Santo, Pedro se paró, alzó la voz y predicó el Evangelio en el Poder del Espíritu Santo, e hizo mención a una profecía que se había dado muchos años antes, alrededor del siglo VI, VII a.C.; la profecía del profeta Joel en ese momento se estaba cumpliendo.

Cuando llegó el día de Pentecostés estaban todos unánimes juntos, como 120 discípulos del Señor —entre hombres y mujeres—, esperando la promesa que Jesús les había hablado días antes, cuando ascendió al Reino de los cielos, es decir 40 días después de morir en la cruz del Calvario y haber resucitado.

Ellos estaban en el aposento alto, orando, era el día sexto del tercer mes del calendario hebreo; y ese día en Jerusalem se estaba festejando una de las fiestas anuales que Dios había instituido conforme a la ley de Moisés: “la fiesta de Pentecostés”. La fiesta de Pentecostés se desarrollaba 50 días después de la Pascua, 50 días después del día de reposo pascual; y siempre cae en el día 6 de Siván, en el sexto día del tercer mes del calendario hebreo.

De repente vino del cielo, de la misma Presencia de Dios, del Reino de Dios mismo, de su Trono, un estruendo como de un viento recio que soplaba. Y dice la Palabra que este viento llenó toda la casa donde ellos estaban sentados. Se les aparecieron lenguas, eran idiomas repartidos como de fuego. Ese fuego, en el sentido espiritual, no era más que las lenguas que el Espíritu Santo estaba derramando sobre cada uno de ellos. Porque el Espíritu Santo estaba en ese estruendo, estaba en ese viento recio que soplaba —el cual llenaba toda la casa—; el Espíritu Santo llenó a cada discípulo, a cada uno de esos 120 que estaban orando unánimes juntos esperando la promesa de Jesús.

De esa forma ellos fueron bautizados por el Espíritu Santo el “día de Pentecostés”, 10 días después de que Jesús ascendió al Reino espiritual, al Reino del Espíritu Santo, al Reino de Dios.

La palabra griega “bautismo”, significa: “zambullirse, sumergirse”; el Espíritu Santo nos llena de tal forma que nos sumergimos en Él, nos zambullimos en Él, nos llenamos de Él; eso es el bautismo en el Espíritu Santo. Cuando uno es bautizado por el Espíritu Santo, uno recibe el Poder del Espíritu Santo para poder ser testigos en Bolivia y todas las naciones del mundo de que hay un Cristo Vivo que sana, liberta y está salvando a todos los oprimidos del diablo. El Señor no quiere testigos de esfuerzo humano, el Señor no quiere testigos con poder humano, testigos con poder convincente o lógica humana; el Señor quiere testigos que se muevan en el Poder del Espíritu Santo de Dios, porque esos son los que traen a los pies de Jesucristo a miles de vidas.

El objetivo principal de este mensaje es que tú puedas recibir llenura del Espíritu Santo».

Pr. Ricardo Claure Peñaloza

PARA QUE SU IGLESIA SE PREPARE… PARA TESTIMONIO A TODAS LAS NACIONES