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Por la Dra. Diana Fabiola Álvarez Salas

Generalmente cuando se escucha la palabra “alerta”, lo músculos se contraen, seguido de una sensación en el estómago al recaer una emoción, que puede derivarse de una preocupación; ahora bien, si alguna persona grita “¡estamos en alerta!”, de manera prácticamente automática la mente arroja una lluvia de pensamientos que van desde un probable sismo (disparándose alarmas), una contingencia ambiental, una situación de protección civil, un desastre natural o un escenario de inseguridad, o se piensa en algún robo, algún enfrentamiento o acto de violencia.