Todo en esta vida es vanidad. No nos cansamos de vivir para este miserable depósito que se va deteriorando poco a poco. Él nos pide más cada vez; jamás se sacia. Vivimos como si fuésemos sus esclavos, pues nos pide alimento, vestido, calzado, joyas, lujos, coches, casas, atención médica, y se nos va el tiempo en boberías. Desde que sale el sol hasta que se esconde, estamos ocupándonos de él, e invertimos nuestras finanzas, nuestra energía y nuestro tiempo valioso en cosas que, al fin y al cabo, se van destruyendo de la misma forma que nuestro cuerpo, sin darnos cuenta que quien nos lo ha dado todo y todo lo controla, esta esperando pacientemente que le brindemos la atención que Él merece. Jesús, si en mi afán de cada día he olvidado mencionarte, mis palabras no habrán tenido valor. Si con mis gestos diarios no he sabido agradarte, mis acciones no habrán tenido sentido. Quiero vivir para ti, dedicarte mis finanzas e invertir en Tí mis momentos, los cuales serían la mejor inversion si en cada uno de ellos estuvieras Tú.
Recordemos lo que dice Salomón en
Eclesiastés 1:2.
"Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad."