Cada uno de nosotros tiene un propósito individual en este vida, algunos lo tienen muy claro y otro no, pero ¿que sucede a nivel colectivo? Formamos parte de algún grupo, familia, equipo, trabajo y amigos que nos recuerden que somos seres relacionales. Tener una visión, dirección y propósito claro a nivel colectivo nos llevará a ser esa iglesia, esa familia que Cristo anhela y sostiene. La base se encuentre en amarnos los unos a los otros, dejando atrás el “súper yo” y el orgullo, para dar pie al trabajo en equipo. Por medio de esto encontramos el estímulo, el consuelo y la comunión que nos llevarán a tener el corazón que Jesús quiere, ese que es tierno y compasivo como el apóstol Pablo animaba a los filipenses.