El cansancio profundo no siempre viene del exceso de trabajo, sino de la falta de descanso interior. Muchos siguen avanzando con el cuerpo activo y el alma agotada. Por eso, el descanso no es debilidad; es una disciplina espiritual que reconoce límites y confía en Dios.
El Señor Jesús se retiraba a lugares tranquilos, no por evasión, sino por obediencia. Sabía que el descanso restaura la perspectiva y renueva la fuerza. De modo que, descansar es soltar la ilusión de control y aceptar que Dios sigue obrando aun cuando tú te detienes. El descanso devuelve equilibrio a la fe.
Quizá una preocupación constante, una agenda saturada o una expectativa irreal esté robando tu descanso. Entrégala a Dios sin negociar. Permite una pausa consciente: silencio, oración sencilla o gratitud deliberada. El descanso no soluciona todo, pero te coloca en mejor posición para seguir caminando con sabiduría.
Descansa en Dios. Él sostiene lo que tú no puedes cargar. La Biblia dice en Mateo 11:28: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. (RV1960).