Dios no solo está interesado en cómo comienzas, sino en cómo entregas lo que termina. Cerrar una etapa con sabiduría requiere reflexión, gratitud y valentía. Por eso, terminar bien es un acto espiritual que honra a Dios y prepara el corazón para lo nuevo.
El Señor Jesús completó Su obra con fidelidad, sin huir del final ni apresurarlo. De modo que, aprender a cerrar procesos evita cargas innecesarias y libera el alma. Un cierre sano permite soltar sin amargura, agradecer sin idealizar y avanzar sin resentimiento.
Quizá este sea un tiempo para evaluar, perdonar o ajustar expectativas. Permite que Dios te muestre qué necesita concluirse con paz. Terminar bien no significa entenderlo todo, sino confiar en Aquel que guía cada temporada y cuida cada transición.
Termina bien. Dios bendice los cierres que se ponen en Sus manos. La Biblia dice en Salmos 37:37: “Considera al íntegro… porque hay un final dichoso para el hombre de paz”. (RV1960).