Desde que era niño, sentía un fuerte deseo de aprender otras lenguas. Y bueno… hoy puedo decir que me comunico bien en tres: el portugués (mi lengua materna, un poco "oxidada"), el español (mi idioma más activo) y el inglés (manejo con fluidez). Además, podría decir que "sobrevivo" en hindi y francés.
Cuando alguien quiere aprender un idioma nuevo, suele entrar en una de estas tres categorías:
* Probable… Es posible que aprendas, sí, con esfuerzo y dedicación. Pero como no hay una urgencia real, muchas veces te quedas en lo básico. A mí me pasa con el hindi: tengo cariño por el idioma, pero no una necesidad concreta, así que nunca pasé de un nivel de supervivencia.
* Necesario… Aquí la cosa cambia. Cuando tienes que convivir, trabajar o vivir en un país donde se habla otro idioma, esa necesidad se vuelve una especie de motor mágico. En mi caso, con el español, fue así: al mudarme a Colombia, el aprendizaje se aceleró. En pocos meses ya podía hacer compras sin problemas, y en unos años me sentí completamente funcional.
* Reencarnación (broma… o no)… Hay quienes, por más que se esfuercen, simplemente no logran avanzar. Tal vez por bloqueos personales, frustración o simplemente porque no es el momento. Lo digo con respeto. Yo, por ejemplo, traté de aprender alemán durante años… y fracasé. Hoy lo acepto. No todos los idiomas están destinados a ser parte de nuestro repertorio. A veces, en vez de luchar, es mejor enfocarse en usar bien las herramientas tecnológicas que nos ayudan a traducir y comunicarnos en esta "Torre de Babel" que es el mundo.
Ahora, si sientes que estás en una de las primeras dos categorías:
1. Rodéate del idioma. Busca ambientes donde se hable el idioma que quieres aprender, aunque al principio no entiendas todo. Créeme, estar expuest@ constantemente es oro puro.
2. Consume contenido en ese idioma. Al principio puede ser difícil, pero vale la pena. Hoy tengo una relación muy rica con el idioma y todo empezó por ahí. Gracias, queridos diccionarios…
3. Equivócate sin miedo… pero con discernimiento. Mi primer trabajo en Chile fue como vendedor… ¡y apenas hablaba español! Habla, aunque te equivoques, aunque se rían. Pero también reconoce tus límites; cuando se trataba de cerrar un gran negocio, yo pedía ayuda.
4. Déjate corregir... hasta cierto punto. He perdido la cuenta de cuántas veces me corrigieron, ¡y qué bueno! También aprendí que todas las correcciones son… correctas. Ten en cuenta que el vocabulario promedio de una persona en Colombia es de entre 300 y 500 palabras, y hay 93.000 palabras en español, así que las posibilidades de que usen una palabra que aprendieron mal o desconozcan una palabra correcta, son grandes. Acepta la corrección, pero verifica cuando algo no te suene del todo bien.
5. Déjate corregir... hasta cierto punto, segunda parte. Estuve del otro lado también: corregí a muchos extranjeros que intentaban hablar portugués o español. Y sí… a veces fui cruel, sin querer. Recuerdo haber corregido a un amigo como diez veces. ¡Terrible! Al final, entendí que no estaba ayudando, sino humillando... Aprendí la lección. Si alguien te hace sentirte mal mientras aprendes, habla con esa persona. A veces basta una conversación honesta para cambiar la dinámica, pues la intención suele ser positiva.
6. Comparte lo que sabes. En algún momento descubrí que no solo podía hablar en otro idioma, ¡también podía enseñar o compartir! Doy charlas, talleres, escribo artículos y grabo contenidos en los tres idiomas que manejo. Enseñar te lleva a otro nivel. No se trata de ser perfect@, sino de usar el idioma como un puente hacia los demás.
Así que... ¿te animas a aprender una nueva lengua?
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