Imagina que estás en un barco y, de repente, te das cuenta de que el agua está entrando. Tratarás de detener su avance, pero si no lo logras, buscarás salir del barco.
Pero... ¿y si no puedes? ¿Y si el barco es tu propia vida?
La crisis económica personal muchas veces se parece a este escenario: intentamos, en diferentes fases y maneras, sanar lo que está ocurriendo, hasta que nos damos cuenta de que tendremos que salir de un barco del cual no siempre es posible bajarse.
Primero, comprendamos una crisis - especialmente financiera - desde dos perspectivas. Una persona está en crisis cuando no cuenta con recursos suficientes para cubrir sus compromisos: gastos básicos o inversiones. Sí, la crisis de una persona pobre es muy distinta de la de alguien de clase media o alta; aunque la ausencia de recursos pueda ser real, no siempre afecta lo más básico.
Hay básicamente tres salidas, tres formas de impedir que el barco se hunda:
1. Conseguir más recursos a través de un mejor empleo, abrir un negocio, vender cosas.
2. Cortar gastos innecesarios, ajustarse al nuevo estatus.
3. Acceder a recursos temporales, como préstamos, una herramienta que se debe usar con mucho cuidado y sabiduría.
La segunda perspectiva es interna: ¿qué es realmente una crisis?
Hace un tiempo escribí sobre el fenómeno de las ballenas, tiburones y truchas (el link está abajo). Complementando aquella historia, podríamos pensar que una crisis representa un cambio profundo en el ecosistema financiero.
Esto significa que, sin importar nuestra posición, todos nos veremos afectados por ese cambio; sin embargo, algunos se recuperarán más rápido que otros. De este análisis podemos extraer tres lecciones:
* La crisis es pasajera, pero sus efectos son reales.
* No todos seremos afectados o nos recuperaremos de la misma manera.
* Un buen liderazgo puede manejar el ecosistema para que todos puedan recuperarse, aunque a ritmos distintos.
Si estás experimentando una crisis económica y unimos ambas perspectivas, se pueden aplicar tres tácticas personales:
* Primero, es hora de buscar más recursos. Tal vez implique cambiar de carrera o abrir una pequeña empresa. Considera una posible mudanza, adaptándote a la nueva realidad, pero evitando - si es posible - una migración internacional que podría, al menos a corto plazo, complicar aún más las cosas.
* Segundo, al reducir gastos, evita "cortarte los pies". Muchas personas dejan de pagar su seguro de salud o comienzan a comer mal. Ajustarse requiere nuevas tácticas que valgan la pena. En tu red de contactos, quizá haya alguna ballena que podría cooperar contigo.
* Tercero, si necesitas inyectar recursos temporales, hazlo con prudencia. Si aparece un liderazgo (gobierno, empresa, ONG) adecuado, algunos fondos o ayudas pueden estar disponibles, pero hay que investigar. Ten cuidado con préstamos y tarjetas de crédito. Quizás en tu red haya una persona experta en finanzas que pueda ayudarte a descifrar opciones viables.
Además de estas dos perspectivas, hay dos ideas que podrían marcar una diferencia crucial:
* Si aún no estás en crisis, o no la sientes, empieza a ahorrar. Ese ahorro puede ser bancario, en moneda extranjera, propiedades o bienes valiosos. En esta línea, vale la pena capacitarse; no es exactamente un ahorro, pero si llega la crisis, tener más herramientas puede marcar la diferencia.
* Y por último, ya lo has escuchado que la crisis es peligro y oportunidad. Comprende bien el peligro que enfrentas; no lo ignores, pero tampoco lo temas. Esta es la hora de la valentía, y estoy seguro de que esa cualidad te sobra. La crisis puede ser el inicio de un cambio profundo. Una oportunidad de abandonar viejas costumbres y viejos métodos... de reinventarte. Pues, ¡reinvéntate!
Espero que, con este mensaje, puedas seguir con tu viaje, esta bella navegación por la vida.
(Link al podcast sobre ballenas, tiburones y truchas: https://creators.spotify.com/pod/show/marcelo-bulk/episodes/Podemos-solucionar-el-tema-de-la-Economa-e2tjli7)