Llegó tarde - como siempre. Sin ni siquiera mirar, entró a la oficina, oyendo un distante "Buenos...".
Se sentó rápido después de pasar (y evitar) unas cuántas personas, sillas y escritorios; infelizmente no podía cerrar la puerta, pero bien le gustaría.
Durante unos meses tuvo la dicha celestial de trabajar desde su casa... fue realmente algo memorable. Ahora, había sido "obligado" a estar en este ¡"zoológico humano"!
Bueno, respiró profundo, uno de los pocos ejercicios que hacía a diario, cerró los ojos, y se puso a trabajar.
El tiempo pasó de forma leeeeeenta, sin prisa, como si quisiese torturarlo.
Por fin, ¡terminó!
Fue solo salir del trabajo para que toda su vitalidad retornara y la cara seria fuera remplazada por una sonrisa, como si se hubiese ganado algo...
Alguien se le acercó a pedirle algo, pero el hombre no notó la persona. Tal vez por la sonrisa, tal vez por la necesidad, él dio unos cuantos pasos y se volteó para ver a alguien sonreír, a pesar de la pobreza extrema que vivía. El sonriente individuo simplemente le hizo seña con la mano y siguió, en búsqueda de alguien que le ayudara a pasar mejor la noche.
Llegó al bello apartamento, ubicado en la mejor parte de la ciudad, pero la sonrisa se le había desaparecido.
"¿Cómo era posible que aquel hombre estuviera feliz, en tamaño problema? Probablemente tenía unos diez hijos para alimentar..." Y toda la noche fue así, de cuestionamiento. Incluso soñó con algo, aunque no recuerda qué, dejándolo aún más afectado.
El día siguiente cuando se miró en el espejo, vio a un desconocido... ¡sonriendo! Intelectualmente, sabía que debía sentirse disgustado por tener que volver al "zoológico humano", pero, por alguna razón, no era lo que su corazón sentía.
En realidad, si pudiera expresar bien lo que experimentaba, se sentía afortunadísimo.
Si pudiera cronometrar, descubriría que todo lo hizo más rápido que antes, llegando temprano a la oficina. Saludó a todos qué fue encontrando en el camino y notó, casi con susto, cómo le sonreían en respuesta.
Si escribiera un artículo, lo nombraría "El mejor día de mi vida", a pesar de ser un día BIEN laboral con muchos problemas con los clientes. Al concluir ese día, la sensación era de haber ganado algo y de querer volver al día siguiente a seguir con la gran tarea.
Cuando salió, instintivamente buscó y ubicó el hombre que en la noche anterior le había pedido algo; estaba a cuidar de unos carros, entre ellos el suyo - debía haber llegado después de él. "¿Quién le habría dado este puesto?"
Sin pensarlo más, tomó el billete más grande que tenía, unos chocolates que alguien le había dado y una tarjeta personal, entregando todo eso al hombre que, como siempre, sonrío. "Sin duda, era feliz; sonreía cuando no recibía nada, sonreía cuando recibía mucho..."
Se fue feliz a su casa pensando en cómo venderle al jefe alguna capacitación con la persona más feliz del mundo...
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