En un pueblo en la India, había un lugar despoblado que la naturaleza había tomado cuenta totalmente. Su residente más formidable era una temida serpiente, quien había atacado a muchos, incluso un grupo de jóvenes que cruzó el lugar como atajo a sus casas... Dos de ellos tuvieron que ser hospitalizados y el pueblo quedó asustado...
Entonces, apareció un gurú que iba en peregrinación a alguna parte, a pie. Decidió cruzar por el atajo, pero sus seguidores en el pueblo trataron de que no fuera por allá, le pagarían un vehículo que lo llevaría adonde quería ir; el gurú ya había tomado su decisión y fue rumbo a su destino.
Por el atajo...
Al cruzar por él, como siempre, la serpiente lo atacó. Sorpresivamente, él no le dio importancia y siguió caminando.
Pocas personas saben que normalmente serpientes son más lentas que una persona caminando rápidamente y el gurú, sin prestarle atención, seguía su camino.
Bueno, como es un cuento, la serpiente en algún momento gritó: ¡Espera!
El gurú redujo su ritmo, se volteó lentamente con una suave y espiritual sonrisa, esperando que la serpiente lo alcanzara. Cuando ella se aproximó, elevó su cabeza hasta quedar al mismo nivel que él y le preguntó: ¿Cómo logra usted ir tan rápido?
El gurú se sentó suavemente y empezó a compartir su conocimiento espiritual a su nuevo discípulo, la serpiente.
Tras una semana de estar con ella, la serpiente se había vuelto vegetariana, meditaba regularmente y se comprometió con la no-violencia. El gurú se despidió de ella y siguió su camino.
Un mes después, el mismo grupo de jóvenes que había sido atacado por la serpiente pasó por el atajo. Ella justo estaba meditando y cuando la vieron así, pensaron que estaba drogada o algo. Lanzaron una piedra y ella no reaccionó, después de todo su maestro le había enseñado a ser no-violenta.
Movidos por un deseo de revancha, le dieron una tremenda paliza a la serpiente.
Afortunadamente sobrevivió y por el próximo mes, resistió hasta que el gurú llegó.
Inmediatamente, el santo hombre, que conocía mucho de medicinas, se puso a ayudar a su discípulo a curarse. Tras una semana, la serpiente ya podía moverse y se sentía mucho mejor.
El gurú se quedó con ella unos días más y antes de ir, le preguntó: ¿Por qué no los atacaste, por qué no te defendiste?
Con cierto orgullo, la serpiente le habló de cómo logró conquistar su instinto y mantuvo su no-violencia, y esperó que su gurú le alabara.
De forma serena, el gurú la miró y le dijo: Me quedo muy feliz que lograste esta meta, pero casi fuiste muerta por eso. Está bien que no los atacaras, pero por lo menos podrías haber hecho "ssssssss"...
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