Las cosas no siempre son como están escritas en un guión, y La La Land es un fiel reflejo de eso.
Nos muestra que la vida es exactamente como Seb le explica el Jazz a Mía: es algo nuevo cada día, hay conflicto y acuerdos, momentos para ponerse al frente y dirigir, y otros en los que sólo nos queda ceder el control. El jazz se reescribe nota tras nota, en constante improvisación; y así la vida misma.
Sobran los motivos. Sobran las palabras: sólo música, miradas y mucho sentir, como en la escena final.
¿Qué palabras se podrían haber dicho? Pasen por nuestro IG @hacete.la.pelicula y nos cuentan.
¡Nos vemos ahí!