La prédica enseña que Dios no solo quiere que iniciemos cosas, sino que terminemos lo que Él empieza en nosotros con obediencia, orden y consagración. En Éxodo, el pueblo construyó el tabernáculo exactamente como Dios pidió, y por eso Su gloria descendió y lo llenó; luego Su presencia comenzó a guiarlos paso a paso mediante la nube.