En Serendipia, siempre tenemos presente que gran parte de nuestro tiempo lo pasamos trabajando y que, incluso, podemos estar más horas en nuestros lugares de trabajo que en nuestras casas. Por eso, resulta de vital importancia tratar problemáticas o conceptos que, a día de hoy en nuestro contexto, son novedosos. Además, estos temas deben ser abordados para que, dentro de un futuro no muy lejano, las organizaciones empiecen a implementar nuevas estrategias, programas y políticas que garanticen el bienestar, y desarrollo de sus miembros y la consecución de las metas organizacionales.
Todos nuestros programas, además de tener un enfoque práctico y vivencial, tiene un componente científico y, es así que, siempre incluidos autores e investigaciones relacionados con el tema que tratamos.
Cuando revisamos la bibliografía acerca de la confianza, la estrella de nuestros tres programas anteriores, se nos vino a la cabeza un concepto del campo de la Psicología Organizacional que se encuentra ligada a la confianza, en concreto, a la autoconfianza.
La autoconfianza, como vimos en nuestro primer programa de la trilogía, se refiere a la seguridad que alguien tiene en sí mismo y la autoeficacia es la percepción que nosotros tenemos acerca de si somos más o menos capaces de desarrollar una actividad, un trabajo o tarea específica.
La AE ha sido estudiada desde diferentes campos como, por ejemplo, en el ámbito educativo porque la AE influirá en el proceso de aprendizaje, en el ámbito de la salud porque la AE puede incidir, incluso, en la prevención de una enfermedad y en la eficacia de un tratamiento, y en el ámbito organizacional porque, como veremos, condiciona nuestro desempeño, motivación, productividad, compromiso, engagement, etc.
Este concepto es realmente importante porque la percepción que nosotros tengamos acerca de la capacidad que tenemos para hacer frente a una actividad o función en el trabajo, determinará si nos atrevemos o no a hacerla y, además, a cómo la enfrentamos; es decir, con motivación, con ganas, con confianza en que podremos lograrlo o, por el contrario, con miedo, con temores y dudas.
Si estamos expuestos, constantemente, a actividades o a un trabajo en el que no nos sentimos capaces, nos llenaremos de frustración y podemos sufrir burnout. Por eso, el rol de las organizaciones es clave. Éstas deben ser socialmente responsables, constituirse como saludables y establecer mecanismos que incrementen los niveles de AE de sus miembros. La capacitación, actualización permanente, los estilos de liderazgo y la comunicación son algunos de los factores que deben trabajarse.
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