Solemos atribuir nuestro éxito a nuestro esfuerzo o al trabajo duro que hacemos para obtener las cosas que tenemos. Sin embargo, y sin desmerecer esto, muchas veces el éxito es producto de la suerte o de oportunidades que se nos dio a nosotros y no a otros.
A veces, estar con las personas adecuadas, en el lugar adecuado y en el momento adecuado puede ayudarnos a aprovechar las oportunidades de crecimiento. Pero esto no llega por accidente. El esfuerzo y el trabajo son cruciales para encontrar esas oportunidades.
Preferimos creer que nuestras ganancias materiales o resultados positivos se deben a nuestra brillante inteligencia, capacidad, habilidades o trabajo duro.
Pero si el éxito está directamente correlacionado con nuestra habilidad, ¿por qué parece haber tanta gente rica con talentos mediocres? Y ¿por qué no son los más inteligentes del mundo también los más adinerados?