Para los miembros de una sociedad resulta muy difícil evolucionar, lograr un desarrollo económico y construir un futuro mejor, si no conocen su historia en profundidad. Esta afirmación está reflejada en la famosa frase “Quien no conoce su historia está condenado a repetirla”. Sin pasado no es posible un presente y futuro próspero, capaz de transformar y contribuir al desarrollo cultural, social, económico y político de una ciudad, país o región.
Marc Bloch, historiador francés de origen judío, escribió: “La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero no es, quizás menos vano esforzarse por comprender el pasado, si no se sabe nada del presente”.
Todos somos los protagonistas en un mundo contemporáneo donde la inmediatez es sumamente valorada, donde la historia de una nación y un pueblo se continúa escribiendo a partir del presente, y en el cual ya no nos es permisible ni resulta ético repetir errores. Al analizar dichos errores, podremos evitarlos en el futuro. Por ejemplo, al analizar los efectos de las bombas atómicas en Japón, será posible evitar este tipo de actos crueles en el futuro. En palabras del ensayista español José Ortega y Gasset: “No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa”.
Así, no solo es de tremenda importancia conocer nuestra historia (pasado) sino también estar informados constantemente (presente).
Está de moda decir que vivamos el presente y eso está muy bien. Es necesario, pero no podemos olvidarnos de nuestra historia. Nuestras historias de vida y las experiencias.