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El bullying y el mobbing son las formas más comunes de acoso. El primero, tiene lugar en el contexto educativo y el segundo, en el ámbito organizacional.

Pese a que son dos problemáticas que generan rechazo, es decir, nadie quiere verse implicado en una situación de acoso e, incluso, en nuestro discursos los repudiamos, resulta paradójico que millones de niños y adolescentes sufran bullying en el mundo y que millones de trabajadores sean acosados en sus lugares de trabajo.

Lamentablemente, son realidades que se viven en todas las sociedades, independientemente de la clase social, género y etapas del desarrollo.

Los datos del número de víctimas de estos tipos de tortura (sí, suponen una tortura psicológica) son extremecedores. La primera estadística mundial de bullying (2021-2022) indica que seis de cada diez niños sufren algún tipo de acoso y ciberacoso, y que estos suponen la principal causa de 200.000 suicidios al año. En cuanto al mobbing, una investigación reciente de la Universidad de Valencia concluyó que el 13% de los trabajadores de Latinoamérica sufre violencia psicológica en el trabajo, relacionada con amenazas o discriminaciones.

El mobbing debería ser inadmisible en cualquier tipo de organización, ya que tiene un impacto negativo en la salud psíquica, emocional y física de la víctima. Es por eso, que la mayoría de los países cuentan con leyes que amparan al trabajador en este tipo de situaciones. Además, es necesario señalar que estas conductas afectan el desempeño, la productividad y la capacidad de innovación de la empresa.

En este nuevo programa, nos centramos en conocer estas dos formas de acoso que, en muchas ocasiones, son silenciosas, lo que hace que sea difícil frenarlas y proteger a las víctimas. Veremos, además, cuáles son sus principales diferencias y similitudes. Existen puntos en común entre el bullying y mobbing y, por eso, reflexionamos acerca de si son el mismo “mal” en diferentes contextos. Y, finalmente, planteamos una serie de estrategias que podemos seguir para luchar contra ellos.

Todos tenemos una gran responsabilidad (padres, cuidadores, educadores, medios e instituciones). Si fomentamos o permitimos ciertos comportamientos en nuestros niños y jóvenes, estaremos contribuyendo a los círculos de violencia y que esas dinámicas se extrapolen a las organizaciones. Entonces, tendremos empresarios que legitimen el acoso en sus empresas, seguirá habiendo víctimas porque se “acostumbraron” a ser maltratados y conviviremos con victimarios que buscan SIEMPRE tener una “presa”.

Inculcar en los niños RESPETO, SOLIDARIDAD y HONESTIDAD es fundamental para que la violencia deje de estar presente en nuestro accionar y es importante recordar que la pasividad e INDIFERENCIA ante las injusticias, nos hace, de alguna forma, responsables del sufrimiento de otro.

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