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“Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré  avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también  será magnificado Cristo en mi cuerpo, tanto si vivo como si muero,  porque para mí el vivir es Cristo y el morir, ganancia” (Filipenses  1:20, 21).

¿Con que santos motivos podría criticarse la vida  y la obra de Pablo? Sabemos que aun los religiosos tenían y tienen sus  motivos espurios. Unos predicaban sinceramente para salvación; otros,  egoístamente, para destrucción. Unos buscaban completar la gracia; y  otros, invalidar la Ley y la obediencia. Mientras que el evangelio del  Señor lleva al amor y la unidad, el evangelio del diablo lleva a la  envidia y las contiendas.

La meta de Pablo era salvar personas y glorificar a Cristo; el blanco de sus críticos era ganar adeptos y autoexaltarse. Para estos, la función se desinteresa de la misión. La crítica desestabiliza más al crítico que al criticado.

¿Cómo  uno puede regocijarse delante de este tipo de crítica, que no sigue los  pasos bíblicos, y que no busca construir sino destruir?

El  apóstol es claro y sencillo: dice que su caso termina en liberación  gracias a las oraciones de los hermanos y la obra del Espíritu Santo.

Pablo  no dependía de sus propios escasos recursos, sino de los generosos  recursos de Dios. Por sus cadenas, Cristo fue conocido; y a causa de sus  críticos, Cristo fue proclamado; y por las crisis enfrentadas, Cristo  fue magnificado. Al apóstol le interesaba más el cuerpo de  Cristo que su propio cuerpo. Parece ostentoso y soberbio decir que vamos  a magnificar a Cristo.

Cuando otros ven a un creyente enfrentar  críticas y crisis con serenidad y fe, entonces Cristo es exaltado, y en  ese sentido es magnificado. Un telescopio acerca las cosas distantes, y  un microscopio nos permite ver en grande aun las cosas más pequeñas. Un  creyente así y en estas circunstancias es el que muestra a un Cristo  más grande y más cercano.

Es tal el grado de identificación del  propósito con la vida, y la vida con el propósito, que por eso puede  exclamar que su vivir era Cristo; y si por Cristo tenía que morir, eso  también era ganancia.

Maltbie Babcock, quien escribió el himno  cuyo título original decía “El mundo entero es de mi Dios”, se expresó  en estos términos: “La vida es aquello para lo cual vivimos”. Para  algunos, la vida es trabajo, dinero, realización, poder o fama. Y para  ti, ¿qué es la vida?

Ya sabemos lo que era para Pablo,  aun frente a la crítica y las crisis. Puedes ahora completar tu  versículo: “Porque para mí el vivir es______________”.