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“Pero nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20).

La  información identificaba a Orlando como una ciudad soñada. Entre las  causas de su permanente atracción, se destacan los estudios Universal,  el Walt Disney World, el Centro Espacial Kennedy, las playas, los  museos, los parques, la pesca deportiva y los deportes de aventura.  Miles de visitantes buscan descanso y placer en algunos de sus  entretenimientos. Se necesitan 67 días de 8 horas para participar de los  más destacados. Desde luego, visitar esta ciudad no es algo accesible  para todos.

En contraste, hay otra ciudad realmente soñada, y  disponible para todos. Cuando Pablo se refirió a esta ciudad, dijo que  es allí donde esta nuestra ciudadanía, prometida por aquel que dijo irse  a preparar un lugar para nosotros (Juan 14:1-3).

Se trata de una  ciudad única, con fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.  Es una ciudad limpia, segura, sana, perfecta, eterna y accesible para  todo aquel que cree en él. La distracción, el sano entretenimiento, el  descanso, la búsqueda del conocimiento, los viajes espaciales y  especiales no serán esporádicos y solo para unos pocos. Todo será  permanente y para todos.

Esa ciudad y esta vida soñadas son la razón de nuestra esperanza. Sabemos que, al decir de Aristóteles, “la esperanza es el sueño del hombre despierto”. Una esperanza que no está basada en poemas, filosofías o suposiciones, sino en la segura y poderosa palabra de Jesús.

Esta  ciudadanía nos hace nuevos habitantes de un nuevo hábitat. Dios  restaurará lo que Adán y Eva perdieron. Es la misma ciudad que los  patriarcas antiguos anhelaron y nosotros esperamos conforme a sus  promesas. Se barrerán y borrarán todos los recuerdos y las cicatrices de  un mundo de pecado. Disfrutaremos de cuerpos perfectos y energía  ilimitada para explorar las maravillas del Universo de Dios.

“Y, a  medida que los años de la eternidad transcurran, traerán consigo  revelaciones más ricas y aún más gloriosas respecto de Dios y de Cristo.  Así como el conocimiento es progresivo, así también el amor, la  reverencia y la dicha irán en aumento” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 738). Una nueva vida, una nueva ciudad, una nueva ciudadanía en la ciudad soñada por Dios: La Nueva Jerusalén

¿Te  estás preparando? ¿Estas dedicando tiempo, recursos y compromiso?  ¿Estas invitando y comprometiendo a otros para el viaje? La ciudad  soñada está lista, la visa está aprobada, la reserva está hecha, el  precio está pagado y el Arquitecto nos está esperando.