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“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en  vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”  (Filipenses 1:6).

Muchos “ladrones” pueden robarnos el gozo:

Las circunstancias. Un  ladrón que busca robar ve a alguien entrar en su casa y se aprovecha de  la circunstancia. Muchas circunstancias están fuera de nuestro control,  como el clima, la economía mundial y el tránsito. No tenemos el control  de todo, somos impactados por las circunstancias. Pero Pablo, en la  peor de las circunstancias, escribe la mejor de las cartas.

La gente. Todos  hemos perdido alguna vez el gozo por causa de la gente. Algunos  camiones que circulan por la ruta llevan un fuerte mensaje: “Cuanto más  trato a la gente, más quiero a mi perro”. Es muy duro, no se aplica a  todos y no debería ser así, pues somos llamados a ser luz y sal entre la  gente, pero muchas veces el egoísmo de unos y otros nos hace perder el  gozo.

Las cosas. Jesús dijo que la vida del  hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee (Luc.  12:15). Muchos gastan su vida para poseer cosas, y finalmente son  poseídos por ellas. Abraham Lincoln caminaba con sus dos hijos, quienes  estaban llorando. “¿Qué les pasa?”, preguntó un amigo. “Lo mismo que  pasa con todos”, replicó Lincoln. “Tengo tres nueces, y cada uno quiere  dos”. El gozo no viene por las cosas que poseemos, pero las desgracias vienen por las cosas que nos poseen. Quien  solo vive por juntar tesoros en la Tierra nunca tendrá suficiente. El  único banco seguro donde guardar nuestras cosas es el cielo. Jesús dijo  que es allí donde debemos hacer tesoros (Mat. 6:19, 20).

Las preocupaciones. Las úlceras no vienen por lo que uno come, sino por lo que se come a uno. Anticipar  el mañana para hoy es ansiedad, traer el pasado para hoy es  estancamiento, vivir el hoy como si solo existiese “el ahora” es  irresponsabilidad. El relegado equilibrio siempre será la mejor  solución.

Pablo tenía motivos para preocuparse: era un  prisionero político y enfrentaba una posible ejecución. Pero escribe  lleno de gozo y nos dice que no nos preocupemos.

Que  estos “ladrones” no se queden con lo que Cristo adquirió para nosotros.  El verdadero gozo es independiente de las circunstancias, la gente, las  cosas y las preocupaciones. “Contemple a Jesús, su piadoso y amante  Salvador. Si le entrega a Cristo su alma desamparada, él le  proporcionará gozo y paz. Será su corona de regocijo, su recompensa  inestimable” (Elena de White, Cada día con Dios, p. 43).