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“Porque yo sé que después de mi partida entrarán  en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño” (Hechos  20:29).

Los lobos son los animales más grandes de la  familia canina. Poseen un grueso pelaje (ya sea blanco, negro o con  combinaciones de marrón y rojizo) que los ayuda a sobrevivir en climas  diversos. Los lobos buscan transmitir fuerza, generar sumisión, agresión  y miedo. Generalmente viven en manadas, dentro de un territorio  establecido (al que marcan). Ellos se comunican a través de aullidos,  gruñidos, ladridos, olor y lenguaje corporal. Atacan y consumen por la  fuerza, y son rapaces, es decir, dados al robo, al hurto o la rapiña.

Por  otro lado, es preciso recordar que el lobo es un animal nocturno con un  gran sentido de la vista, y trata de obtener ventaja de sus víctimas  potenciales que no ven bien por la noche.

Con semejantes  características, no es de extrañar que Pablo usara como metáfora a estos  animales para advertir a la iglesia. ¿Quiénes serían los “lobos”  deseosos de arruinar al rebaño de creyentes? Pues bien, son los falsos  maestros que pretenden reemplazar la antigua Palabra de Dios por  novedosas y propias ideas; son los que dicen “Así dijo el Señor”, cuando  el Señor no ha hablado; son las herejías disfrazadas de doctrinas; son  los que se consideran autosuficientes, reclaman su autoridad y actúan  como dueños de la iglesia para llevar adelante sus engaños.

Cuidado con los que gruñen, gritan y buscan imponerse por el miedo con amenazas, agresiones y críticas.

Cuidado con los que piensan que son los jueces de la doctrina, de los procedimientos y de la iglesia.

Cuidado con los que trabajan en la oscuridad, aprovechándose de las circunstancias y aun de las debilidades.

Cuidado con  los que se creen salvadores de la iglesia, porque Salvador y Dueño de  ella hay uno solo: Jesucristo, nuestro Señor, quien, según el mismo  Pablo, la compró con su propia sangre.

Cuidado con aquel que, en lugar de permitir ser usado por el Consolador, trabaja para el Acusador.

Cuidado con  aquel “que admite la verdad mientras sigue en la injusticia, que  declara creerla, y sin embargo la hiere cada día por su vida  inconsecuente, se entrega al servicio de Satanás y lleva almas a la  ruina. Esta clase de personas tiene comunicación con los ángeles caídos,  y recibe ayuda de ellos para obtener el dominio de las mentes” (Elena  de White, Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 133).

No seas lobo ni te dejes llevar por uno de ellos. Déjate guiar hoy y siempre por Jesús, el verdadero Pastor del rebaño.