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“Estos eran más nobles que los que estaban en  Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando  cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos  17:11).

Aquel ataque terrorista destruyó casi por completo  el edificio y terminó con la vida de casi un centenar de personas.  Recuerdo que nos acercamos con un grupo de voluntarios para ofrecer  ayuda a quienes estaban removiendo escombros, con la esperanza de  encontrar con vida y rescatar a las personas. Recuerdo el ir y venir de  un joven. Me acerqué a él y me dijo que su esposa estaba debajo de los  escombros. Estaba angustiado porque ya habían pasado trece horas del  atentado, y la esperanza de rescate se desvanecía.

Por otro lado,  los especialistas y el equipo de rescatistas trabajaban con toda  diligencia, sin pausa y con prisa, con responsabilidad, con esfuerzo y  con compromiso. Así, fueron rescatadas varias vidas.

Pablo visitó  a los creyentes de Berea y, al compararlos con los de Tesalónica, dijo  que eran más nobles que ellos. Es decir, eran distintivos, leales y  generosos porque recibieron el mensaje sin prejuicios, y escudriñaban,  profundizaban, investigaban y comparaban por sus propios medios la  palabra escuchada de Pablo con la Palabra escrita. Los bereanos fueron  instruidos por la Palabra y fortalecidos por la Palabra. Estudiaban las  Escrituras con toda solicitud, con diligencia y con el intenso anhelo de  obtener más conocimiento. El diccionario define “diligencia” como  cuidado, prontitud, agilidad, prisa, solicitud, disposición, eficiencia y  búsqueda incesante hasta alcanzar el objetivo. “Si deseas que  tu esperanza de salvación crezca en fortaleza y solidez, estudia con  diligencia la Palabra de Dios. El cristiano es concebido por la Palabra y  debe alimentarse de ella”, expresó William Gurnal.

En  un tiempo de superficialidad y de falta de profundidad, cada vez se  piensa, se reflexiona y se medita menos. Por eso, como los bereanos,  debemos ser perseverantes en el estudio de la Biblia, y debemos hacerlo  cada día.

“El estudio de la Biblia requiere nuestro más diligente esfuerzo y nuestra más perseverante meditación. Con  el mismo afán y la misma persistencia con que el minero excava la  tierra en busca del tesoro, debemos buscar nosotros el tesoro de la  Palabra de Dios” (Elena de White, La educación, p. 170).

Como  aquellos voluntarios que buscaban vida en la profundidad de los  escombros, necesitamos un compromiso mayor con el estudio de la Palabra.  Seamos diligentes y perseverantes en su estudio y en su aplicación.