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“Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación” (Colosenses 1:15).

Ser  un primogénito implica no solo ser el primer hijo, sino también la  superioridad en rango o fortaleza. Entre los antiguos hebreos, el  primogénito tenia derechos, deberes y bendiciones especiales.

Cristo  aparece, en sentido literal, como el primogénito de María y, en sentido  figurado, como el primogénito entre muchos hermanos, o el primogénito  de los muertos. No fue el primero en morir, pero si el primero en su  clase. Tiene un sentido de preeminencia. Al ser llamado “el primogénito  de toda creación”, se destaca su superioridad sobre todos los seres  creados.

Algunos interpretan que fue el primer ser creado. Otros  dicen que él creó todas las cosas y por él todas las otras cosas fueron  creadas.

El mismo Pablo lo explica, como para no dar lugar a  malentendidos. El Creador de todo no puede ser al mismo tiempo una  criatura. Una criatura no puede ser el Creador. Cristo no es una  emanación, ni la más exaltada de las criaturas. Pablo dice que es la imagen del Dios invisible. Es Dios revelado y manifestado ante los hombres.

“Cuando  Cristo es llamado el ‘primogénito’ (Heb. 1:6; Rom. 8:29; Col. 1:15, 18;  Apoc. 1:5), el término no se refiere a un momento cronológico. Más bien  enfatiza un sentido de importancia o prioridad (ver Heb. 12:23). En la  cultura hebrea, el primogénito recibía los privilegios familiares. De  este modo, Jesús, como el primogénito entre los hombres, rescató todos  los privilegios que el hombre había perdido. Se convirtió en el nuevo  Adán, el nuevo ‘primogénito’ o cabeza de la raza humana” (Asociación  Ministerial de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo  Día, Creencias de los Adventistas del Séptimo Día [Florida, Bs. As.: ACES, 2018], p. 78).

Ser  primogénito de toda la Creación es ejercer el gobierno supremo sobre  ella. Es un título mesiánico; es exaltarlo, concederle honores supremos,  reconocerlo como Rey legítimo del Universo, colocarlo por encima de  todo el mundo creado, y establecer su soberanía y preeminencia. El  primogénito es siempre el principal heredero.

Tenemos el  riesgo de hacer un análisis tan solo teológico de este tema.  Necesitamos ir más allá. ¿Es Cristo nuestro primogénito, nuestro  superior, exaltado, honrado, soberano y preeminente en nuestra vida? Si  nosotros lo permitimos, el pecado nos deforma, la investigación nos  informa y el Primogénito nos transforma.