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“Porque  el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de  Dios, descenderá del cielo” (1 Tesalonicenses 4:16).

La  gente le teme al fin del mundo, pero, por otro lado, se esperanza en el  futuro. Cristianos, judíos y musulmanes (cada uno a su manera y con sus  interpretaciones, cree que el fin del planeta ocurrirá).

El ritmo  se está acelerando. El interés en el futuro está en su apogeo. Más allá  de los desastres naturales, de los conflictos entre las naciones, de  las hambrunas, de los conflictos étnicos, de la tensión política mundial  y de una economía incierta, hay esperanza.

“Venga a ver el fin  del mundo en primera fila”, decía el cartel en la península de Yucatán,  en el sureste mexicano, promocionado el día que marcaba el final de uno  de los ciclos del calendario maya: 21-12-12 y que disparó un boom turístico  apocalíptico. Todo fue excitación. Incluso los ocho mejores chefs del  planeta organizaron la “Cena del Fin del Mundo”.

Existe otro fin  del mundo anunciado y prometido por alguien que nunca falla. Pablo  afirma que el Señor mismo, con voz de mando certera y poderosa  descenderá del cielo. Elena de White lo resume así:

“Pronto  aparece en el este una pequeña nube negra, de un tamaño como la mitad de  la palma de la mano. Es la nube que envuelve al Salvador y que a la  distancia parece rodeada de oscuridad […] volviéndose más luminosa y más  gloriosa hasta convertirse en una gran nube blanca, cuya base es como  fuego consumidor, y sobre ella el arco iris del Pacto. Jesús marcha al  frente como un gran conquistador” (Eventos de los últimos días, p. 231).

“Ninguna pluma humana puede describir la escena, ni mente mortal alguna es capaz de concebir su esplendor” (ibíd., p. 232).

“Sobre  la cabeza de los vencedores, Jesús coloca con su propia diestra la  corona de gloria [...]. Jesús abre ampliamente las puertas de perla, y  entran por ellas las naciones que guardaron la verdad” (ibíd., p. 237).

Sí, esta esperanza ilumina nuestro futuro:

“El  futuro tiene muchos nombres. Para los débiles, es lo inalcanzable. Para  los temerosos, lo desconocido. Para los valientes, es la oportunidad”, escribió Víctor Hugo.

Sé  protagonista y asiste al fin del mundo en primera fila. Participa de la  verdadera cena de las bodas del Cordero y de la iglesia.