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“Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. Y halló a un  judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con  Priscila, su mujer” (Hechos 18:1, 2).

Julián y Marta  estuvieron casados 68 años, siempre sirviendo juntos al Señor y a la  iglesia. Marta, como directora de Dorcas–ADRA, y Julián como jefe de  diáconos y predicador evangelista. Cuando tenían 56 años de casados,  Julián se cayó de una escalera mientras pintaba la iglesia y sufrió una  ruptura del bazo, con sangrado abdominal. La situación era grave. Su  vida corría peligro. Lo llevaron de urgencia al hospital. El cirujano  necesitaba hacer una tomografía, pero el equipo no funcionaba hacía dos  semanas. No obstante, tal estudio era indispensable para confirmar el  diagnóstico y resolverlo.

En ese momento, Marta, la familia y la  iglesia oraban por Julián. Dios siempre se manifiesta cuando sus hijos  oran. Ante el asombro del personal hospitalario, el tomógrafo funcionó  para ese único paciente. Julián fue operado, le salvaron la vida y  siguió junto con Marta sirviendo al Señor hasta descansar en sus  promesas. Ejemplificadora es la entrega completa y el compromiso total  de este fiel matrimonio dedicado al Señor.

En Hechos 18  encontramos otro matrimonio entregado absolutamente a la causa del  evangelio. Aquila y Priscila conocieron a Pablo en su segundo viaje  misionero. Ellos habían sido expulsados de Roma por un decreto del  emperador Claudio contra los judíos. En Corinto, comenzaron a fabricar  tiendas para ganarse la vida. Ellos ayudaron a Pablo en el trabajo de  armar carpas, para que él tuviera su sustento; y él los ayudó en su vida  espiritual y misionera. Ellos ofrecieron su casa en Corinto y, años más  tarde, en Roma, como base para el crecimiento de la iglesia. Fueron  ellos los que llevaron a Apolo a la conversión y a un compromiso  misionero.

Aquila y Priscila nunca son mencionados en la Biblia  de manera separada, siempre están juntos como matrimonio, ya sea en el  trabajo como en la iglesia. Entre ellos se complementan. En ellos  observamos ciertas cualidades prácticas: fuerte comunión con Dios y con  la misión, flexibilidad, capacidad para establecer relaciones duraderas,  motivación propia, habilidad para trabajar en equipo, hospitalidad,  sabiduría y responsabilidad.

¿Hay algo que debe ser  fortalecido, restaurado o hecho nuevo en tu matrimonio? Recuerda que  nunca es tarde. El mismo Dios que creó el matrimonio, el mismo que  realizó su primer milagro en la boda de Caná, puede y quiere marcar una  diferencia en tu matrimonio presente o futuro. Recuerda las palabras que María indicó a los criados en aquella boda, con relación a Jesús: “Haced todo lo que él os diga”.