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“Y los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo” (Hechos 13:52).

¿Es  posible en la época en que vivimos hablar, escribir y –sobre todo–  experimentar una vida de pleno gozo? ¿Cómo mantenernos gozosos en medio  de tantas angustias e incertidumbres? Pocos han sufrido tanto en la vida  como el apóstol Pablo; sin embargo, es él mismo el que dice que estaba  lleno de gozo. Este es un concepto que él presenta en sus escritos de  manera reiterada.

El diccionario define “gozo” como una emoción  intensa y placentera causada por algo que gusta mucho. En la Biblia se  nos explica que el pecado, es decir, la separación de Dios, es la causa  de la falta de gozo. En realidad, el pecado promete gozo, pero siempre  produce tristeza. El gozo que ofrece es superficial, aparente y  pasajero.

En la Biblia, el gozo no es placer, ni entusiasmo, ni  júbilo ni risa. Gozo es un profundo sentimiento que viene como resultado  de sentir la aprobación de nuestro actuar por parte de Dios. Gozo es la  seguridad de saberse en los caminos y en la voluntad de Dios,  independientemente de toda situación o adversidad que debamos enfrentar.

Contrariamente  a la idea generalizada que lleva a pensar que es haciendo lo que me  gusta (es decir, lo que yo quiero) como encuentro el pleno gozo, en la  Biblia, el verdadero y completo gozo solo es posible en la presencia de  Dios. Él es el Dios del gozo, y nos lo concede como un regalo, como un don, una dádiva, y como un fruto del Espíritu. Si es un fruto, entonces es un resultado, es decir, una consecuencia. Es el resultado de confiar y obedecer la Palabra de Dios. Es el resultado de saber que Dios está actuando para cumplir su propósito, aun en las circunstancias más difíciles.

El gozo es también un don que debe ser compartido. El  pastor que encuentra a su oveja y la mujer que halla su moneda  comparten su gozo con sus vecinos, en tanto los ángeles del cielo se  regocijan por un pecador que se arrepiente.

“Porque separados de mí nada podéis hacer. Nuestro  crecimiento en la gracia, nuestro gozo, nuestra utilidad, todo depende  de nuestra unión con Cristo. Solo estando en comunión con él diariamente  y permaneciendo en él cada hora es como hemos de crecer en la gracia. Élno es solamente el autor de nuestra fe sino también su consumador. Ocupa el primer lugar, el último y todo otro lugar. Estará con nosotros, no solo al principio y al fin de nuestra carrera, sino en cada paso del camino” (Elena de White, El camino a Cristo, p. 69).