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“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que  hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles  [...]. Todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes que  todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten”  (Colosenses 1:16, 17).

Los conceptos acerca del origen de la  vida son como una guerra entre dos jardines. El Jardín del Edén  representa a los que creen que el ser humano fue creado por Dios a su  imagen y semejanza. Y el jardín zoológico representa a los que creen que  el ser humano es resultado de un largo proceso evolutivo. Los primeros  sostienen que la criatura ha involucionado por causa del pecado, los  segundos afirman que ha evolucionado de un ser inferior a uno superior.  Lo paradójico es que algunos piensan que la última posición es  refrendada totalmente por la ciencia, mientras que la primera requiere  de fe para darle sustento.

Sin embargo, es digno de notar que la verdadera ciencia apunta hacia la existencia de Dios y valida la fe en él.

Arthur  Compton, Premio Nobel de Física en 1927, declaró: “La fe comienza con  la comprensión de que una inteligencia suprema dio el ser al Universo y  creó al hombre. No me cuesta tener esa fe, porque el orden y la inteligencia del cosmos dan testimonio de la más sublime declaración jamás hecha: ‘En el principio creó Dios’ ”.

Ernst  Boris Chain, Premio Nobel de Medicina en 1945, expresó: “La  probabilidad de que el origen de las moléculas de ADN haya tenido lugar  por pura casualidad es sencillamente demasiado minúscula para  considerarla con seriedad”.

Arthur l. Schawlow, quien compartió  el Premio Nobel de Física en 1981, aseveró: “Al encontrarse uno frente a  frente con las maravillas de la vida y del Universo, inevitablemente se  pregunta por qué las únicas respuestas posibles son de orden religioso  [...]. Tanto en el Universo como en mi propia vida, tengo necesidad de Dios”.

Derek  Barton, quien compartió el Premio Nobel de Química en 1969, aseguró:  “No hay incompatibilidad alguna entre la ciencia y la religión [...]. La  ciencia demuestra la existencia de Dios”

Albert Einstein, Premio Nobel de Física en 1921, sostuvo: “Apenas sí calco las líneas que fluyen de Dios”.

Pablo declara que en Cristo fueron creadas todas las cosas. Y él es antes de todas las cosas y todas las cosas en él subsisten.

“La  mano que sostiene los mundos en el espacio, la mano que mantiene en su  disposición ordenada y actividad incansable todo lo que existe en el  Universo de Dios, es la mano que fue clavada en la Cruz por nosotros” (Elena de White, La educación, p. 118).