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“Pero cuando Timoteo regresó, nos dio buenas  noticias de vuestra fe y amor, y que siempre nos recordáis con cariño, y  que deseáis vernos, como también nosotros a vosotros. Por eso,  hermanos, en medio de toda nuestra necesidad y aflicción fuimos  consolados al saber de vuestra fe” (1 Tesalonicenses 3:6, 7).

En el capítulo 3 de 1 Tesalonicenses, Pablo presenta básicamente tres temas:

1.  Testifica de su gran amor por los tesalonicenses al enviar a Timoteo  para fortalecerlos y consolarlos en medio de las tribulaciones que ellos  están pasando. La preocupación del apóstol era que el enemigo se  aprovechara de las tribulaciones para debilitar su fe. Los verdaderos  pastores actúan de esta manera: conforman y animan a sus hermanos en la  fe.

2. Se alegra por el bienestar de los hermanos tesalonicenses.  Timoteo llevó buenas noticias: los hermanos estaban firmes, a pesar de  las necesidades y las pruebas. Nuestra fe se demuestra justamente en las  pruebas. Y recuerda que en los momentos difíciles podemos contar con la  protección de Dios.

3. Ora por ellos, deseando ir a verlos, y  para que el cuidado y la bondad entre ellos se vuelva aún más fuerte. Y  con eso ellos podrán crecer en santidad en la presencia de Dios.

Cuando  oramos por los amigos y los hermanos, nosotros mismos somos bendecidos  porque aprendemos a interceder y porque aprendemos a depender de Dios.

La  vida cristiana de Pablo empezó milagrosamente con el encuentro en  Damasco, y la primera oración de Pablo fue preguntarle a Jesús qué  quería que hiciera. Durante su ministerio, siempre le hizo a Dios la  misma pregunta. Sabía que Dios es quien abres las puertas y el que las  cierra. Tal vez por eso algunos no se animan a orar al Señor y decirle: “¿Qué quieres que yo haga?” Dios consigue las más reales e impactantes victorias de las más aparentes y humillantes derrotas.

En  cierta oportunidad, el gran músico polaco Arturo Rubinstein (conocido  por su autodisciplina, ya que llegó a practicar piano 16 horas al día)  dijo: “Si paso un día sin practicar, yo noto la diferencia. Si paso dos  días sin practicar, mis amigos notan la diferencia. Si paso tres días,  el púbico nota la diferencia”.

El crecimiento viene de  la práctica. Continuamente debemos estar orando, confiando, viviendo la  voluntad de Dios, testificando y salvando a otros. En ningún orden de la  vida se alcanza un buen rendimiento sin una práctica permanente. Tal  como declaró David Livingstone: “Yo decidí nunca parar hasta llegar al  fin y cumplir mi propósito”.