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“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado;  pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y  extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del  supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13, 14).

Una cosa hago. A  veces pretendemos estar en muchas cosas y, al final, no estamos en  nada. “Una cosa te falta”, le dijo Jesús al joven rico (Mar. 10:21).  “Una cosa es necesaria”, le dijo el Señor a Marta (Luc. 10:41). Cuando,  como María, elegimos hacer la cosa indispensable, es la parte que nadie  podrá quitarnos. Necesitamos vivir para lo que realmente importa.

Olvidando lo que queda atrás. Olvidar,  en la Biblia, quiere decir no estar ya más influenciado o afectado por.  Cuando Dios promete que nunca más se acordará de nuestros pecados y  transgresiones, no significa que tiene mala memoria. Lo que dice es que  no tomará en cuenta nuestros pecados y que no van a afectar nuestra  relación con él. No podemos borrar el hecho histórico, pero sí su  significado. Para Pablo, su pasado no fue un obstáculo para impedir,  sino una inspiración para realizar. Algunos corren mirando hacia atrás, y  por eso se caen. Tenemos que reemplazar lo de atrás por lo que está  adelante.

Prosigo. Un hombre no se convierte en  atleta triunfador escuchando discursos, ni viendo películas o leyendo  libros, ni animando con gritos al equipo. Lo hace luego de un esfuerzo  intenso. Vamos por la meta y alcanzaremos la recompensa. Proseguir es un trabajo en equipo con Dios. Él no corre en nuestro lugar y nosotros no podemos correr solos. Corremos juntos.

La  historia nos dice que cuando Napoleón planeaba invadir Rusia llamó al  embajador para decirle que si ofrecían resistencia serían totalmente  destruidos. Con serenidad, el embajador respondió: “El hombre propone,  pero Dios dispone”. Entonces, Napoleón agregó: “Dígale a su emperador  que yo soy el que propone y el que dispone”.

Poco después, los  hechos desvirtuaron la pretensión napoleónica. La soberbia del que cree  que puede solo es necedad, mientras que sabio es aquel que prosigue por  la gracia y las promesas del Señor. Dios propone y dispone.

“Permitamos  que los grandes propósitos que indujeron a Pablo a proseguir rumbo a la  meta frente a los problemas y las dificultades los induzcan a ustedes  también a consagrarse plenamente al servicio de Dios. Todo lo que les  llegue a la mano para hacer, háganlo según sus fuerzas. Sea esta la  oración cotidiana de cada uno de ustedes: ‘Señor: Ayúdame a hacer todo  lo mejor posible. Enséñame a hacer mejor mi tarea. Dame energía y  alegría’ ” (Elena de White, Cada día con Dios, p. 372).