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“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las  cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios”  (Colosenses 3:1).

Colosenses 3 es un documento precioso y  motivador para la verdadera vida cristiana. El apóstol Pablo comienza  desafiando a los hermanos: Si ustedes resucitaron espiritualmente en  Cristo, entonces vivan como él quiere. Es decir, piensen en las cosas  celestiales y no en las cosas de esta Tierra.

Y ¿cómo es vivir  pensando en las cosas celestiales? Es huir de toda inmoralidad sexual y  los malos deseos. Es huir de la ira, de la maldad, de las blasfemias, de  lenguaje obsceno. Es no mentir.

Pero, vivir pensando en las  cosas celestiales no es solo no hacer cosas. También es tener un estilo  de vida pautado por la compasión, la bondad, la humildad, la paciencia,  la mansedumbre, el perdón. Es vivir en la práctica el amor de Cristo.

El  apóstol Pablo tiene orientaciones claras para la esposa y el marido  (amen de verdad y dependan el uno del otro), para los hijos (obedezcan a  sus padres) y para los siervos (obedezcan y sean sinceros). El  principio para las relaciones es este: todo lo que hagan que sea de  corazón, como para el Señor. Eso mismo: no debemos hacer las cosas  pensando en agradar a la gente, al jefe, al amigo. Debemos hacer todo  pensando en agradar a nuestro Dios.

El empresario alemán Oscar  Schindler, durante la Segunda Guerra Mundial, dedicó la mayoría de sus  recursos para rescatar a judíos de los campos de concentración. Salvó  así a mil cien personas durante el Holocausto nazi. Su cuerpo está  sepultado en Jerusalén, en memoria de estos actos de compasión en favor  de los demás. Fue homenajeado con una placa con la siguiente  inscripción: “Aquel que salva una vida salva al mundo entero”. Pero él, más que sentirse elogiado por los mil cien salvados, se repetía a sí mismo: “Tal vez podía haber salvado a uno más y no hice lo suficiente”.

Está  claro que lo que Dios planeó para nosotros no es este mundo lleno de  pecado y de muerte; si no un mundo transformado. Tenemos que caminar en  este mundo con los ojos mirando hacia el cielo.

¿A cuántas personas más puedes salvar por el testimonio fiel de tu vida?

“Nadie  está inactivo en el cielo, y en las mansiones de los bienaventurados no  entrará nadie que no haya manifestado amor a Cristo, y que no se haya  esforzado por la salvación de los demás” (Elena de White, Testimonio para los ministros, p. 207).