Listen

Description

“Entonces Bernabé, tomándolo, lo trajo a los apóstoles  y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le  había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el  nombre de Jesús” (Hechos 9:27).

Si hay un personaje extraordinario en el libro de los Hechos, ese es Bernabé. Era oriundo de la Isla de Chipre, y su nombre significa “Hijo de ánimo, de consuelo, o de exhortación”. Ningún otro nombre más que ese es el más adecuado para ilustrar lo que fue el propósito de su vida.

Bernabé  fue una influencia clave en la formación de Pablo y de Juan Marcos.  Dios lo usó para llevarlos a un compromiso con la misión. Estuvo al lado  de ellos, acompañando, motivando y guiándolos en el proceso del  discipulado. Bernabé fue un discípulo que generó otros discípulos.

Bernabé  fue un constructor de puentes entre los creyentes y un recién  convertido, Saulo, y arriesgó su propia reputación en favor de un hombre  que todos rechazaban. Es él quien percibe el potencial de Saulo, él  mismo cuenta su conversión y lo presenta a los demás dirigentes de la  iglesia. Bernabé fue el primero en viajar con Pablo y formar un equipo  misionero, fue el primero en donar su propiedad y ponerla al servicio de  la iglesia. Es decir, era un hombre sensible a las necesidades de los  hermanos y de la misión.

Bernabé demuestra ser digno de  confianza. Cuando en Antioquía el evangelio se extiende entre los  gentiles, se alegra y apoya el crecimiento. Busca a Saulo en Tarso y lo  lleva como evangelista. Los dos se convierten en maestros, y la iglesia  se multiplica. Fue allí donde se llamó a los creyentes “cristianos” por  primera vez (Hech. 11:25).

Bernabé es un siervo generoso,  sensible, sacrificado, humilde y comprometido con la tarea de la  predicación. Es un hombre de fe y de coraje. Y es un formador de  dirigentes de la iglesia.

Bernabé era esa clase de discípulo que  no atrajo las luces para sí mismo. Esto se refleja en una historia  particular, registrada en Hechos 14:8 al 23. En aquellos días, muchos  creían que los dioses podían mezclarse con los hombres. Era tal su  influencia que, en Listra, Bernabé y Pablo fueron recibidos como dioses.  A Bernabé se lo llamó Júpiter por su porte; y a Pablo, Mercurio, por su  oratoria. Por supuesto, ambos rechazaron tal cosa. Nuestro proceder y  nuestra vida siempre ejercen influencia.

Bernabé no dejó nada  escrito, pero Pablo, su discípulo más notable, inspirado por Dios,  escribió casi la mitad del Nuevo Testamento. La iglesia necesita  de Pablos arriesgados y valientes, expuestos siempre en el frente de  batalla contra el mal. Pero además necesita de los Bernabés, que también  son arriesgados y valientes, y no obstante obran detrás de escena,  formando, animando, enseñando y discipulando.

Recuerda que sin Bernabés no hay Pablos.