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“Para que seáis irreprochables y sencillos, hijos de  Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio  de la cual resplandecéis como lumbreras en el mundo, asidos de la  palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que  no he corrido en vano, ni en vano he trabajado” (Filipenses 2:15, 16).

Matías Bauso publicó en Infobae,  el 9 de febrero de 2020, los resultados de una investigación científica  que identifica a ciertas regiones del mundo como “zonas azules”,  lugares donde muchos superaban en décadas la expectativa de vida, y los  índices de enfermedades coronarias, cáncer y demencia senil eran  inferiores. Estos sitios fueron llamados así porque un astrofísico  especializado en demografía (Michel Poulain) y un prestigioso  gerontólogo italiano (Gianni Pes) se dedicaron a indagar en qué lugares  del mundo vivían las personas de mayor edad. Cuando lo encontraban, lo  marcaban con un círculo azul.

Una de esas zonas se encuentra en  Cerdeña (Italia). Allí, varios de los casi mil habitantes tienen más de  cien años. Un milagro de la longevidad.

Años más tarde, el  periodista Dan Buettner, un apasionado por la vida sana, salió a buscar  otras “zonas azules”. Respaldado por la National Geographic y  la Sociedad de Gerontología de los Estados Unidos, encontró otras  cuatro: la isla de Okinawa (Japón), la Península de Nicoya (Costa Rica),  la Isla de Icaria (Grecia), y Loma Linda, en California, Estados  Unidos.

¿Cuál era el denominador común de estas regiones? Clima  amable, naturaleza prolífica, alimentos sanos, jóvenes educados con  dedicación y ancianos cuidados con amor.

Lo que sí llama la  atención es que todas las “zonas azules” son islas o penínsulas, menos  una. Los Ángeles, se sabe, es un infierno de polución, de autopistas y  de atascos de tránsito. Sin embargo, a menos de cien kilómetros, ¡hay  una “zona azul”: Loma Linda. Se trata de una comunidad adventista, donde  la religión tiene una gran influencia. Los sábados se dedican por  completo a la iglesia y al servicio. Los científicos le atribuyen una  importancia vital a la fe y las creencias religiosas. Enfatizan también  la vida sana, actividad física moderada, niveles bajos de estrés, dietas  moderadas, alimentación centrada en frutas y verduras, y una comunidad  rica en contención familiar.

Según estudios realizados desde la  década del ‘70, los habitantes de Loma Linda mejoran todas las tasas de  salud y sobrevida. No se trata de una genética favorecida sino de un  estilo de vida.

Pablo desafió a vivir de manera  irreprochable y sencilla en medio de una generación maligna. No importa  cuál sea el infierno donde vivas, resplandece como luminaria asida a la  vida y crea nuevas “zonas azules”, hasta que todo sea azul para siempre.