Dios nos ha llamado a ser salvos. Pero una vez hemos sido salvos, nuestra obra no termina allí. Dios nos llama a ayudar a nuestros hermanos débiles, a aquellos que tienen dificultades. Hay algunos que solo necesitan un corazón de empatía y amor que pueda ayudar a sanar heridas. La iglesia debe estar pendiente de todos y todos deben estar pendientes De la Iglesia. Debemos de ser personas confiables, no chismosas, en las cuales puedan ayudar a sanar heridas, consolar, alentar, exhortar.