Es increíble pero tal vez algunos hemos caído en el pecado de la
envidia. Nos molesta que Dios les de regalos o dones que nosotros no
tenemos a otros, o peor aún, podemos sentirla aún cuando nosotros
mismos tenemos esos regalos u otras cosas mejores.
Recuerdo
cando tenía poco de ordenado que al final de una Misa en el
estacionamiento de la iglesia unos feligreses alegremente me
comentaban que les gustaban mucho las clases de Biblia que otro Padre
en la parroquia vecina les estaba dando…
Si
de verdad amamos, nos debemos alegrar cuando Dios bendice a otros, y
si tú de verdad necesitas algo, se lo puedes pedir; y si es algo
bueno para ti Dios con gusto te lo dará cuando eres un hijo de él.
Las
envidias le han costado a muchas personas el perder no solo la paz
sino a buenos amigos, relaciones de amor con sus familiares,
tranquilidad en sus trabajos, y hasta guerras y matanzas entre los
gobiernos.
Santiago 4:1
¿De dónde vienen las guerras y las peleas entre ustedes? Pues de los
malos deseos que siempre están luchando en su interior.
:2 Ustedes quieren algo, y no lo obtienen; matan, sienten envidia de alguna
cosa, y como no la pueden conseguir, luchan y se hacen la guerra. No
consiguen lo que quieren porque no se lo piden a Dios;
:3
y si se lo piden, no lo reciben porque lo piden mal, pues lo quieren
para gastarlo en sus placeres.
:4
¡Oh gente infiel! ¿No saben ustedes que ser amigos del mundo es ser
enemigos de Dios? Cualquiera que decide ser amigo del mundo, se
vuelve enemigo de Dios.
Hasta
en las mejores familias se puede dar la envidia. Hasta entre los
apóstoles se dio. Y he visto tanta envidia entre sacerdotes y
clérigos que se supone que debemos gozarnos con las maravillas de
Dios no solo en nosotros sino en otras personas también.
Juan 21:20
Al
volverse, Pedro vio que detrás venía el discípulo a quien Jesús
quería mucho (Juan),
el mismo que en la cena había estado a su lado y le había
preguntado: "Señor, ¿quién es el que te va atraicionar?"
:21
Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús:
–Señor,
y a este, ¿qué le va a pasar?
:22
Jesús le contestó:
–Si
quiero que él permanezca hasta que yo vuelva, ¿qué te importa a
ti? Tú sígueme.
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