Cambio de mente. La persona admite que está equivocada y reconoce su condición delante de Dios, dando un giro de 180° para cambiar su mentalidad. Cambio de corazón. Recibe la convicción del Espíritu Santo acerca de su pecado y decide no continuar con esa manera de vivir. Empieza a dar frutos originados de esta convicción de arrepentimiento. Por ejemplo, si era blasfemo, ya no dice malas palabras, si era borracho, ya no lo es, si era drogadicto, dejó las drogas, si trataban mal a su esposa o esposo, ya no trata mal, si era iracundo, ahora tiene control sobre su ira, si todo el tiempo estaba triste, ya no lo está más, y así sucesivamente. Cambio de acción. La persona que se arrepiente verdaderamente de sus pecados se aparta del pecado, de lugares y de las personas que lo inducen a desobedecer a Dios, y en su lugar, toma la decisión de no volverlo hacer más.