Escribo
Escribo porque es el sexto sentido
que moraba en lo oculto
y encontró una grieta
en una clase de lengua
para ganar la superficie y asirse al mundo.
De la misma manera que la mano
puede aferrar un puñal o una rosa
es mi prosa
la que se hunde entre mil gusanos
y encuentra una piedra preciosa.
Escribo porque necesito
hablar conmigo mismo
de los fragmentos de espejo
en donde la felicidad se refleja al infinito.
Escribo porque un niño
me mira desde el otro lado del rio
y una luciérnaga lleva un hilo
que nace de su pecho
y anida en el mío.
Escribo para que las lágrimas
no sean recibidas por una página blanca,
sino por un poema que es plegaria
para los dioses antiguos.
Escribo como tributo
al cielo
que se derrama en el lago
ininterrumpido.
Escribo porque cuando estuve
completamente perdido,
fue un verso rígido
el que labró el primer camino
y cuando la vida se hizo cuesta arriba
y cuando temí morir al no ser correspondido,
fue en las verdes laderas
de lo escrito
donde me quedé dormido.
Y cuando sentí que mi corazón
había caído en lo hondo de una negra colmena,
la luz que había alumbrado
todavía me esperaba allí,
página tras página,
letra tras letra.
Escribo porque a veces
ni a mi lengua le creo
y es en mi antología perdida
en donde mi reflejo
resplandece
sin saber de mentiras.
Escribo para congeniar con la quimera
con el basilisco y la harpía,
para aceptarlo todo
y desatar mil voces
en un círculo de piedra.
Escribo porque un cartógrafo
siempre debe ser fiel a su arte,
para no encontrarse
a un paso del acantilado
sin tener asidero
para su corazón errante.
Escribo porque las heridas susurran
cuando cae la última hoja taciturna.
Y si yo no rindo honores
a las veces que cambié de piel y nombre,
¿Quién preparará la urna
capaz de mutar en cuna
cuando la lluvia
moja el alma
y oxida mis goznes?
Escribo porque vivo.
Escribo porque este espíritu sensible
no entra en una canasta de mimbre.
Escribo para que mi espíritu
con sus crines de fuego
pueda correr libre.
Escribo para que sepas
que tu amor deja huellas
de las que brotan madreselvas
y ahora
todas mis criaturas
pueden pastar felices.
Te escribo desde una almena
engarzada en un laberinto de estrellas
para que tengas
el plano de mi alma;
para que mires,
de verdad, mi esencia.