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Si hay algo que ha caracterizado la carrera de James Cameron es que le gusta irse a los extremos para llamar la atención. En 1989 decidió irse a los extremos más profundos del planeta -o aparentarlo al menos-, para proponernos un relato que quedó a medio camino entre intriga de estado mayor, cliché romántico y contacto extraterrestre. Asimismo, a los extremos en los malos tratos hacia su staff, que alcanzaron niveles legendariamente traumáticos. Comentamos para ustedes una de las películas más recordadas de la ciencia ficción, con un iceberg tan grande que ocho años más tarde sirvió para hundir al Titanic. Una producción que, vista con ojos de adulto, no envejece dignamente en todos sus aspectos y nos hace preguntarnos cómo es que todavía no han funado al director. En todo caso, la banda sonora de Alan Silvestri sí fue capaz de entregarnos pasajes notables que hasta el día de hoy resuenan entre los más recordados de Hollywood.