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Ayer, tocando no sé bien qué, de la configuración de mi celular, me apareció la aplicación Bienestar Digital. En números grandes decía 2h 24 min. Lo entendí todo.

Yo, dos horas y media diarias viendo en el maldito telefonito.

 

Dos horas y media por día leyendo y me termino el Ulises. Dos horas y media haciendo pesas y soy “Suarseneguer”. O dos hora y media tomando mate, con musiquita y mirando a la nada y sos vos con vos.

Pero la verdad que, aunque sea un fragmento del día, dos horas y media malgastadas dan bronca.

 

(En realidad, al tiempo le importa muy poco si lo ganás o lo perdés. Él sigue y sigue generando deterioro a lo que ya está y a lo que está por venir. Es su principal tarea)

 

Roberto Juarroz tiene un poema cortito sobre el tiempo fragmentado. Cada uno tiene su pedazo de tiempo se llama. Te lo leo.

 

Cada uno tiene

su pedazo de tiempo

y su pedazo de espacio,

su fragmento de vida

y su fragmento de muerte.

 

Pero a veces los pedazos se cambian

y alguien vive con la vida de otro

o alguien muere con la muerte de otro.

 

Casi nadie está hecho

tan sólo con lo propio.

Pero hay muchos que son

nada más que un error:

están hechos con los trozos

totalmente cambiados.

 

Impresionante Juarroz.

 

Pero bueno. No estan grave. Todo en su justa medida y armoniosamente, decía el General. Igual, me consuela un poco saber que el algoritmo se dedica a alimentarme el sesgo de confirmación, todos los días, un ratito.

Como a todos y acada uno de los “celularhabientes”.

Hoy, el que confiesa lo que más le aparece en el celu, se “encana” sólo.

Una amiga cuenta que le aparece, todo el tiempo, gente reventando puntos negros y forúnculos y te dice, ¿a vos no?

Listo, está clarísimo: es una asquerosa y cree que somos todos igual de asquerosos.