Tres acciones indispensables. Al final de su vida David no pierde de vista todo lo que hizo Dios con el, reconoció sus imperfecciones, acepto los procesos y reconoció a quienes le ayudaron.
Es importante que nosotros también hagamos lo mismo. No perdamos el habito de darle al gloria a Dios, de aceptar los procesos aunque sean dolorosos y de reconocer a quienes hacen posible tus logros.