Cuando yo tenía la edad de mis hijas se nos decía que si teníamos un buen expediente académico y estudiábamos una carrera, seríamos Capitán General con mando en plaza. Y este país, por esa regla de tres, está lleno de capitanes generales con mando en plaza de mi generación. Y de peña que se come los mocos en su plaza, también. Licenciados mal pagados, gente que se sacó su carrera y trabajan de vete tú a saber, si trabajan… Ahora, treinta y tantos años más tarde, los chavales siguen inmersos en el mismo paradigma que nos parió a nosotros, y que ya entonces se mostró obsoleto. Un paradigma que, de facto, ha desaparecido hace décadas, y nos negamos a verlo; y lo que es peor: les tapamos los ojos para que tampoco lo vean.