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Hoy alguien me preguntaba que cuál era el propósito de Satsang. Cuando tú apareces aquí no tienes ningún propósito. Empiezas a creer que tienes un propósito cuando alguien te dice: "¡wow! eres muy bueno jugando billar"; o sientes una atracción por jugar algo o hacer algo; y algunos cuantos son dotados con grandes dones, grandes virtudes —todos en algún nivel—, parece que algunos lo descubren y otros no. Sin embargo, en el fondo, absolutamente nadie en este planeta tiene un propósito, una función especial o una misión. Algunos creen que lo han descubierto y que lo han encontrado, por ejemplo: Borges nació para escribir, Aristóteles para filosofar o Diego Armando Maradona para jugar al balompié o al fútbol; la gente cree eso, pero se han olvidado que detrás de eso hay una mente que está queriendo encontrar o buscar la felicidad. Y a veces la gente cree que "el hacer algo te proporciona algo", por ejemplo: la felicidad —el filosofar, el escribir o el jugar. Y la realidad, desde mi punto de vista, va mucho más allá; tú eres la felicidad. La ignorancia te hace creer que es la actividad la que te hace ser feliz, cuando en realidad tú eres la felicidad. Por lo tanto no te desesperes o no te preocupes si crees que no has encontrado tu función o tu propósito puesto que no la tienes, ya que no eres una persona.

En el fondo, el anhelo más profundo de tu corazón es en esencia la felicidad; ¡porque ya lo eres! Ahora, tal vez no lo sientas, no lo vibres, no los vivas; y eso está bien, no te precipites; simplemente investiga; muy suavemente, muy lentamente: ¿qué soy?, ¿quién soy?, ¿qué soy?, ¿quién soy? ¿Soy acaso todas estas ideas?, ¿soy acaso todos estos sentimientos o emociones? Mira el mundo como una idea, mira a las personas como una idea; y suavemente ve desenamorandote del mundo y de las personas. Eso significa desenamorarte de tu yo, de esa pequeña sanguijuela ambiciosa que el doctor Hawkins define como el pequeño yo. Ve entregandola, perdonandola, amandola, entregandola, perdonandola, amandola, entregandola... yo, yo, yo, yo... ¿Quién está enojado? "yo", una idea; ¿quién está triste? "yo", una idea; ¿quién está feliz y entusiasmado? "yo", otra idea; ¿quién es este cuerpo? "yo", otra idea; ¿quién es delgado, esbelto u obeso y gordo? "yo, yo, yo..."; ¿quién está enfermo? "yo", ¿quién está sano? "yo, yo, yo..."; "quiero hacer mucho dinero", "yo, yo"; "estoy feliz con mi pobreza", "yo, yo, yo". Eres una idea y te has olvidado de que eres una idea en ese nivel. Detrás de eso está lo importante —no cambia, no se mueve, siempre está presente, es omnisciente. "¡Ah!, todas estas palabras espirituales: omniconsciente, omnipotente...".

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