Doña Yolanda Preciado que en paz descanse, contaba que un tal Macarena, gallero muy reconocido de la sierra madre occidental de Jalisco, se fue al palenque de Atenguillo. Estaban en la sexta pelea del día 6 del mes de junio, cuando quedó cautivado por una mujer muy sensual, ojos cafés rojizo relampagueantes, con una mata de pelo negro que le llegaba a la cintura, lacio como crin de purasangre, piel blanca como la cera, labios carnosos y rojos como la lumbre paseando por el redondel con un vestido rojo entalladito más que revelador.