Hace unos quinientos millones de años, había una estrecha entrada de mar formada quizá por la acción de glaciares antiquísimos que fueron fracturando la tierra. Este fiordo comenzaba en la costa de Colima y se extendía hasta el bajío que abarca los estados de Aguascalientes, Jalisco, Guanajuato, Querétaro, San Luis Potosí, Michoacán y Zacatecas.
Cierto día, ese brazo de mar se dividió en cataclismo gigantesco que originó un mar interior que abarcaba desde el sur de Jalisco hasta Aguascalientes. Poco a poco, a través de millones de años, se fue dividiendo en varios lagos por acción de las muchas erupciones volcánicas y una falla que esculpió a la barranca de Oblatos, lagos como el de Chapala, el de Sayula, Cajititlán, la laguna de magdalena y una muy especial: La laguna de Atotonilco.
En ese pequeño hábitat de bosques de pino, encino y selva 13 mil años antes de nuestra época, vivían rebaños enteros de mamuts, caballos y camellos junto con tigres diente de sable y armadillos gigantes. Esa laguna un refugio de especies terrestres y acuáticas atrajo a los primeros pobladores del occidente de México, ahí vivieron y murieron incontables generaciones de personas cazadoras y recolectoras en medio de un paraíso de patos, gansos y pelícanos blancos y una selva llena de tlacuaches, conejos, coyotes, zorros, pumas, jabalíes y venados.