Acá en Guadalajara, Jalisco, en el gran valle de Atemajac allá por el oriente pegado a la barranca de oblatos, había una tribu coca muy alegre, conocida por su hermosa música de tambores y flautas que siempre acompañaban los festejos haciendo que la gente cantara y bailara. Trataban de vivir en paz con sus vecinos del señorío de Tonalá. Por alguna razón perdida en la historia los tonaltecos los hostilizaron y los obligaron a abandonar los terrenos que ocupaban. Aquellas familias cocas guiadas por Huehuetztlantzin el guerrero, levantaron su poblado, lo empacaron y salieron caminando en medio de su hermosa música de flautas y tambores cantando, en busca de su tierra prometida. En un viaje que duró muchos años, trataron de establecerse sin éxito, las tribus aledañas siempre los expulsaban, pero los cocas en éxodo seguían tocando su música y cantando sin perder la alegría. Fue hasta1519 que se subieron a la cumbre de una montaña a fundar nuevamente el mágico poblado de Cocula, allí permanecieron tocando su música y cantando sus canciones hasta la llegada de los españoles.