Antes que llegara la tribu de la iberia a nuestro continente, cuando el alma del muerto escapaba de su prisión corporal, salía con la esperanza de llegar a un mundo donde por fin tras haber sufrido la terrible prueba de la vida encontraría un lugar para el descanso eterno y el fin del sufrimiento.
Aquélla tierra tan esperada por todos, le llamaban Mictlán,
No era fácil, para llegar hasta allá, los muertos enfrentaban las nueve pruebas de Mictlantecuhtli y Mictlancihuatl señor y señora de Mictlán. Una odisea que obligaba al muerto a probar su fortaleza de espíritu, emprendiendo un extraño viaje de 4 años, atravesando la nada, para buscar la entrada del Mictlán el mítico lugar de la paz eterna: no más guerra, no más sacrificios, no más vida.
Se ocupan 4 años para que el organismo se descomponga y queden sólo los huesos. Por eso los antiguos dejaban los cuerpos de los fallecidos cerca de la familia hasta que se volvieran calaveras, así ya sabían que sus muertitos llegaban al final de su viaje.
Los niños fallecidos, de plano llegaban directo a un árbol gigante que daba un fruto que los amamantaba dándoles fuerza para volver a nacer, los ahogados se presentaban al paraíso de Tláloc en el hermoso reino del agua, pero el paraíso del sol, reino de Tonatiuh el más hermoso de todos, estaba reservado solo para los guerreros muertos en batalla, los sacrificados muertos en la ceremonia y las mujeres que murieron durante el parto, éstos eran premiados con lo mejor para su eternidad.
Los demás para poder llegar al Mictlán tenían que bajar por 9 niveles, cada uno de ellos con su prueba para el alma.