Dicen las leyendas que Cenobio en su desesperación se fue a su plantación de agave en medio de la noche a las 3 de la madrugada para invocar al diablo pidiéndole sus favores, un rayo cayó del cielo despejado en una planta de maguey de donde brotaron miles de murciélagos que comenzaron en hilera a volar hacia la cueva del volcán junto con una voz misteriosa que le decía repetidamente: síguelos, síguelos.