Todo el mundo ha escuchado al menos una vez en su vida, los sones del Mariachi y si no… un día los va a escuchar.
Por allá a finales del siglo diecinueve y principios del veinte, en los tiempos de Don Porfirio, había un cuarteto de músicos que se la pasaba tocando en los pueblitos y rancherías cercanos a Tecalitlán aprovechando el gentío que se juntaba en las fiestas patronales y en las bodas.
Eran los herederos de la pirecua sureña y el cardenche norteño, esa música y cantar mestizo que hoy es patrimonio intangible de la humanidad.