Dejemos de sentirnos condenados por la opinión de los hombres, dejemos que en nosotros se manifieste la gloria de Dios, dejemos que él nos use y trabaje en nuestras vidas, dejemos de estar a la defensiva, y tomemos la ofensiva contra el enemigo de nuestras almas, viviendo y disfrutando la VICTORIA que Jesucristo obtuvo para nosotros.